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Árbol Insignia del Municipio

Hay nombres, personajes y sitios, que se han perpetuado por el trajinar, el costumbrismo, el adjetivo, el cuento, el suceso o su historia, que han marcado una simbología, lejos de realidad, significado y ciencia para trascender en el tiempo con el mote que dio lugar a ello.

Sin ser un árbol característico de nuestra región, por género y especie, y sin corresponder a una variedad especial, existe una insignia vegetal, que tomó su nombre de una historia bien particular.

Con la terminación del templo se comenzó a organizar la plaza mayor, la cual estaba constituida por pastos y muy escasos árboles. En 1.913 siendo párroco el padre Alberto Jaime, organizó los vecinos para que en sus ratos de ocio sembraran y cuidaran de las pequeñas plántulas que traían de las montañas los campesinos envueltas en hojas de rascador cumpliendo así con la palabra del sermón del domingo. Buscando una especie nativa de fácil adaptación, colorido, crecimiento y frutos se optó por el cultivo de Caimito, Caracoli, Cañandongas, y Gualanday.

Cuatro grandes y frondosos árboles de Gualanday y Cañandongas crecieron en los vértices del cuadrado que formaba la plaza y múltiples Caimitos a lo largo de los Senderos que cruzaban el parque.

En 1.934 la ordenanza No. 41 donó al parque Guillermo Quintero Calderón la suma de $500, lo que les permitió cercar evitando la afluencia de ganado a este sitio y construir en el centro un pequeño aljibe.

La ordenanza No. 36 de junio 13 de 1.938, autorizó el gobierno Departamental para invertir $1.000 en la remodelación de la plaza principal de Abrego. La ayuda gubernamental, el interés de las autoridades locales y la voluntad de los vecinos llevaron a que en el año 1.962 equivocada e indiscriminadamente se mandara a derribar todos los árboles para construir los camellones y la plazoleta encargando esta nefasta labor a un presidiario de la cárcel local (Felipe Torrado), con la anuencia del señor Personero Municipal.

La afilada hacha en las recias manos de este campesino hacían su faena hasta llegar al árbol ubicado en frente de la casa de don Francisco Antonio Rizo, que en una actitud de desafío tranca y reta con revólver en mano al trabajador. En un gesto provocador llegó hasta la Alcaldía: En tono franco y altanero expresó al Burgo maestre. - Si usted, corta el árbol que sembró mi papá (Arturo Pallares), lo demando ante la oficina de bosques de Bogotá.

Una lacónica amenaza le permitió sobrevivir a este árbol que desde ese día tomó sentido de pertenencia llamándolo el palo de Cuco, como cariñosamente llamaban a Don Francisco Antonio Rizo (Cuco Rizo).

El palo de cuco es nuestro árbol insignia. No es la especie de arbusto conocido con el singular nombre que se da en toda la región. Si nos vamos a la lengua castellana y tomamos su significado aplica y concuerda aquello de cuco. Lo astuto de Don Francisco Antonio Rizo para salvar el árbol y por ser el testigo fantasmagórico mudo que guarda mil relatos de duendes, mucuras, brujas y espantos, contados al pie de su viejo tronco.

 
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