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LUIS FELIPE TRÍLLOS GOMEZ

Empresario. Nació en Abrego el 18 de mayo de 1.935. Hijo de Don Bernardo Triíllos Torrado y Doña Francelina Gómez, cursó estudios en la Escuela Urbana de Varones.

Nacido en un hogar de padres inquietos, trabajadores y cristianos que le infundieron desde muy pequeño el respeto, la honradez y la bondad legado de su ancestro campesino.

En medio de la pobreza se fue abriendo paso en la vida, por la misma estrechez económica que muchas veces no le permitía tener siquiera para un dulce. Con los escasos centavitos que en raras ocasiones dejaba caer en sus bolsillos su señora madre, los ahorró e inventó su primer negocio con la ayuda de su hermana mayor, una venta de cochas que le permitía ganar unas monedas y gastarse una sin reparos.

Con los réditos de su escaso capital incursionó en el negocio de los bollos de masa, al adquirir tres libras de maíz y el compromiso del tendero de vendérselos en forma gratuita, siempre y cuando le comprara el grano. El trabajo de su abuela y tías en Hato viejo se incrementó.

Con algo muy claro desde niño, una filosofía que no ha cambiado a lo largo de su vida cual es que nació para dar no para pedir; así se fue su alcancía en manos de un pordiosero que llegó a la pensión de su mamá. Al verlo en aquel degradante estado tomó sus ahorritos y se los dio sin aflicción.

Siguió en la escuela y luego acompañaba a su padre en un viejo camión hasta el centro del Cesar. Y mientras su patriarca se ocupaba de buscar el ganado para cargar, él recogía los bultos de mamón, fruta exótica para sus paisanos y así ganar unos pesos.

Ya adolescente y experto conductor, continuó trabajando para el seno de su hogar, viajando de ganadería en ganadería por todo el Dpto. del Cesar, Sur de Bolívar y Magdalena.

En compañía de su primo Luís Saúl Gómez, de quien aprendió parte de la doctrina de la vida, compraba ganado para su progenitor, al mismo tiempo se encargaba del transporte. Con el egregio pensador de correrías pactaron en aquellos días de tácito trabajo llegar al altar con damas de sinónimos nombres. El acuerdo se cumplió con rigor. Don Luís Felipe, se casó con Doña María vergel, ejemplo de mujer. Lo hizo a espaldas de su familia, con poco en el bolsillo, solo la dote que le había dado la suegra a su hija $70 que sirvieron para comprar cama, cobija y un colchón de paja.

El disgusto de sus buen padre, lo llevó a quitarle el camión y dejarlo cesante. Sin otra alternativa viaja a Abrego de donde se había ausentado hacía poco tiempo.

Contó con la ayuda de sus primos Luis Saúl y Roberto Gómez, quienes compraron un vehículo para que lo trabajara. Las duras horas de labor terminaron por cansarlo. Vuelve al lado de su padre, quien le vende por letras un camión de regulares condiciones; trabajó algún tiempo y en un muy buen negocio sale de el, paga la deuda y queda con algún dinero.

Como todo guerrero inquieto, viaja a Gamarra y compra una lancha “la María Estela” en honor a su hija mayor. Se dedica a vender víveres de puerto en puerto y a traer pescado y huevos de tortuga, ante los escasos resultados la vende. Compra un viejo taxi modelo 48, cubriendo la ruta Ocaña – Convención, en doble horario.

Enferma de Fiebre Tifoidea, y ya con tres hijos, da el auto a trabajar a un amigo, quien lo estrella, dejándolo prácticamente sin nada.

Sin plata, con quebrantos de salud y sin ocupación, un paisano campesino de Piedras Negras, conociendo su trayectoria y capacidad de trabajo, le da la mano, desplegando su accionar entre la Loma de Potrerillo y Tamalameque, comprando y transportando maíz.

Luchando, pagando platas al interés y con una fe intacta, logra ir consolidándose en el transporte de carga, después de muchos años de penurias.

Con un pensamiento definido de la importancia de la agremiación para consolidar objetivos y lograr metas, trabajó duramente en este campo, destacándose como iniciador de la Cooperativa de Trans porte de Ganado y Carga Cootransregional y la Cooperativa Cebollera del Municipio de Abrego.

Con una visión clara de los negocios, veía con desazón como sus coterráneos desde tempranas horas de la madrugada rodaban los cilindros a lo largo de las calles del poblado para hacerse a una pipeta de gas después de largas colas, ultrajes y maltratos. Comenzó entonces una ardua tarea para que su tierra tuviera este servicio en forma eficiente y sin tropiezos. Luego de cuatro años y medio de constante batallar logró para sus conciudadanos este propósito a través de Lustrigas, mejorando ostensiblemente las condiciones de vida de las gentes de la región.

Ampliando sus horizontes comerciales, buscando la proyección hacia toda la provincia, tomó la distribución de Bavaria y la filial de refrescos de la misma empresa.

El amor al campo, herencia de sus sueños furtivos, inquietaba el alma y alimentaba el espíritu. Como aquellos patriarcas que auscultaban en la naturaleza para buscar conocimiento, él se aferró a la iluminación divina, para hallar en medio de tanta propuesta sin fundamento para sacar avante la provincia de Ocaña una que fuera la solución integral a la problemática que viven nuestros pueblos.

En una de esas noches de profunda divagación, tuvo la visión que desarrollando el campo con cultivos alternativos, se generaba todo un programa productivo a través de un acertado proceso de transformación y comercialización que sería la redención económica y social de nuestras gentes y la provincia en general.

Con todo un proyecto de fruticultura rondando su cabeza y con una inclinación permisiva hacia la vid, de la cual había estudiado y adelantado bastante, volvió los ojos al campo.

Después de un trajinado proceso de compra de tierras por los lados del Batallón que no se culminó adquirió unos terrenos, cerca de Quebrada Seca que por lo majestuoso de la casona allí asentada, no hay duda que fue edificada por los primeros encomenderos que se establecieron en la región, correspondiendo a la antigua hacienda que marcó todo el territorio del Corregimiento de la Ermita.

Añorando los días felices de infancia de aquel campo donde se crió y en memoria a sus ancestros, la nombró Hato Viejo.

Metido de lleno en el cuento de la uva y contando con los buenos servicios de Oswaldo Puerto Guerrero, funcionario de CENI-UVA de la Unión Valle, quien lo orientó y le ayudó a determinar aspectos climáticos, de suelos y semillas, como también la pronta disposición de un conocido de aquellos años de andanzas y juventud, Luís Fernando Pérez, exgerente de Grajales, quien le importó los primeros patrones de Francia. Un Jueves Santo del año 1.997 se sembraron las primeras sepas de uva de la variedad Alfonso Lafallet y Tempranilla, con unos resultados óptimos de producción, calidad y sabor.

Seguro que no estaba equivocado en su propuesta y pensando en la provincia y sobre todo en su tierra Abrego, continuó su proyecto expandiendo sus cultivos y ensayando nuevas variedades para mesa y vinos, alcanzando unas metas que superaron ampliamente las expectativas, incluso por encima de los índices que se manejan en el Valle del Cauca.

Alterno a este cultivo, se experimentaba con una diversidad de frutales: guayaba (12 clases), Manzana, Piña Cayena, Fresa y Cítricos con invaluables resultados, lo que determinaba el complemento para la producción de vinos, compotas, pulpas, bocadillos y refrescos, como se concibió y diseñó integralmente proyecto.

Recursivo como nadie y obstinado en su objetivo inmediato, la elaboración de un buen vino, sacó la casta y verraquera Abreguense, diseñando como el más hábil de los artesanos toda una estructura fabril con elementos muy propios de la región, quizás recordando aquellos rústicos zaques de tape tusa de sus ladinos y enópicos paisanos, para producir uno de los mejores vinos por clase y buqué que se degusta actualmente el país, gracias a la distribución que hace la Casa Puyana, reconocida por su tradición de más de cien años.

Es tal, el cariño profesado a la mítica tierra, que sus vinos llevan el nombre de Santa Bárbara, en honor a la patrona de las gentes del Bello Valle.

Escudriñando de la misma naturaleza sus procesos orgánicos y aplicando la sapiencia del constante trajinar, se ideó un caldo biológico a partir del Humus y la leche, que garantiza la producción de frutos y por ende de vinos 100% naturales en cada uno de sus procesos.

Ha sido Don Luís Felipe Trillos, un aprendiz del camino que ha tenido la mesura, el conocimiento y la practicidad del más aventajado Ingeniero Agrónomo, la paciencia, el cuidado y la versatilidad del más experto enólogo, el manejo, el procedimiento y la aplicación del más hábil administrador de empresas, pero, ante todo un arquitecto de la vida que construyó a través de sus sueños una realidad cercana, representada en obras y proyectos, ejemplo de progreso y desarrollo para todo un pueblo.

Inquietando las cuerdas de la guitarra y las teclas del viejo piano, recuerda a través de sus ahogadas rancheras y boleros sus paisanos, los campos de su tierra, al Hato Viejo del alma y a su eterna y buena compañera.

Es Don Luís Felipe Triíllos, no solo uno de los hijos más representativos de esta tierra, sino el Abreguense que más quiere, añora y resalta los valores de un pueblo y su raza que ha trascendido en el tiempo como muestra de tenacidad, trabajo y abnegación.

 
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