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Por un nuevo modelo pedagógico en Colombia

La Educación ProhibidaEstudios recientes demuestran que en Colombia la educación no reúne los requisitos y condiciones que nos permitan ser calificados con notas sobresalientes; por el contrario, nuestras universidades ocupan los últimos lugares en el ranking internacional y mundial.

Esto equivale a decir que en educación estamos rajados y que en repetidas ocasiones nos corresponde repetir el curso sin que avancemos significativamente en el concierto universal. No obstante lo anterior y a pesar de los millonarios presupuestos que se invierten en este importante componente social, cada vez es más notable que la educación es un fracaso, que los niños no aprenden en el sistema educativo y que cada vez nos rezagamos más de la ciencia, la cultura, la innovación y la tecnología.

Pruebas de tipo interno demuestran que los niños no saben leer, no cuentan con capacidades analíticas y presentan múltiples problemas y dificultades en aspectos como la lógica matemática y la interpretación de símbolos y códigos. En resumidas cuentas, estamos anclados a un sistema educativo que se hace necesario superar y dejar atrás.

En Colombia los maestros demuestran un alto grado de preparación académica, estudios de pregrado, postgrado, especializaciones y doctorados son cada vez más frecuentes en sus currículos; no obstante, la educación no avanza y el retroceso o el estancamiento son notables. Por su parte, el gobierno nacional anuncia con frecuencia grandes inversiones en educación y tecnología al servicio de ella, pero los resultados siguen siendo los mismos.

Muchos adolescentes, por su parte, reclaman cambios en la educación, que se eduque en contextos reales y que se salga de las aulas que generan estrés, tedio, cansancio y aburrimiento. Sin duda alguna que en Colombia, como en gran parte de Latinoamérica, el sistema educativo requiere una intervención urgente para cambiar, de una vez por todas, esos viejos modelos educativos que nos anclan estúpidamente a un pasado condenándonos al atraso científico, tecnológico y humano.

Con la aparición en escena del documental “La educación prohibida” se nos presenta a los educadores la magnífica oportunidad de renovar nuestras prácticas pedagógicas y educativas, que nos permitan educar con calidad, calidez y pertinencia. Si las autoridades educativas en Colombia non tienen la preparación, la inteligencia y la capacidad de generar cambios significativos en el sistema educativo, nos corresponde a los educadores impulsar cambios que permitan superar esos viejos, anticuados y obsoletos modelos pedagógicos.

Hemos comprobado hasta la saciedad que para las nuevas generaciones la educación poco o nada significa y es notable el desinterés que existe entre ellos de acudir a la escuela. Razón más que de peso para hacer un alto en el camino y analizar con cabeza fría las razones de su comportamiento que a gritos invocan cambios en las formas de educar.

Se aproxima una semana de receso escolar -8 al 12 de octubre- y sería justo y por demás necesario que los maestros colombianos utilicemos estos días para ver, analizar y criticar el documental “La educación prohibida” y de esta manera demos lugar a la aparición de un nuevo modelo pedagógico. Que docentes, directivos, estudiantes, padres de familia y autoridades del ramo presenten diferentes alternativas que nos permitan concretar verdaderos y reales cambios en la educación, no podemos continuar con modelos viejos que non responden a las expectativas de nuestros días.

Que se inicie el debate a nivel nacional y que se convoque en los diferentes municipios de Colombia y en cada una de las instituciones educativas a una especie de referendo educativo donde quede planteada la necesidad de romper en dos la historia de la educación en Colombia. O aprovechamos este momento de efervescencia y calor para lograr cambios significativos o continuamos lamentándonos de tanto despropósito que condena al joven de nuestra sociedad a ser víctima de unos procesos educativos que poco o nada aportan para su verdadero proyecto de vida que permite la construcción de un tejido social.

Por PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA, colaborador de Soyperiodista.com

 
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